No se trata de cuestionar la virilidad del tango, sino de que lugar ocupa la mujer, desde sus letras, (en su mayoría escritas por hombres) y de la diferencia en cuanto a la danza, donde si bien se le adjudica a la mujer un lugar pasivo, de hecho no lo es.

En general, los autores más “machistas” les asignan a la mujer un rol más impasible, porque han sufrido las inclemencias de un mal hombre: “Los hombres te han hecho mal”, “la limousine de un bacán la remolcó”, “el quebranto de tu perdición”, otras “cayeron” igual, “juguete de ocasión”. Los más generosos las alertan de los peligros de ser conducidas por esos hombres sin compasión: “Atenti, pebeta”, “abajate la pollera por donde nace el tobillo”.

Te acordás hermana? de “la rubia Mireya”, casi se suicidan por lo linda que era!. “Y ahora que es vieja”…se ponen a llorar” (???).

La pobre “Estercita” protagonista de “Milonguita“, la “piba deslumbrada por las luces del centro”, que pasó de ser la más linda del barrio a ser “flor de lujo y cabaret”. La que “dió el mal paso” y a los que “los hombres le han hecho mal” (y a quien, no?!), y a la que no le dán crédito ni cuando llora.

O a la pobre “Margot”, que antes la llamaban Margarita, a la que no la dejan propiciarse una mejor vida.

“Malena” tiene pena, pero de bandoneón!, y solo expresa su lástima cuando está triste … por el alcohol.
Pero me pregunto, ¿les habrá ido tan mal? ¿Quién puede asegurar que se trataban de “malos” pasos?.¿Alguien sabe si la “milonguita”, la “pelandruna abacanada”, la “flor de fango” o la “la costurerita que dio el mal paso”, se arrepintieron o renegaron de su porvenir?

Hay una gran distancia entre la victimización de estas mujeres, con el rol que ocupa hoy en día la mujer en la danza. El dejarse llevar es activo.

Dos personas, hombre y mujer, acordando, abrazados, casi maniatados, bailando e intentando coincidir en sus sensibilidades. Casi mágico. Creo que no hay otro modo de que esta danza funcione, que haya un acuerdo profundo entre ambos. Y este acuerdo comienza con la aceptación de la regla de que el hombre conduce y propone. Pero, ¿por qué algunos ven en esto subordinación, sometimiento, pasividad del lado de la mujer? Cada uno realiza algo diferente. Y en ello va el rol de cada uno. No se define por la mayor o menor masculinidad o feminidad de los partenaires. Nadie es más o menos masculino por bailar muy bien el tango. Dejarse llevar por el hombre no es subordinarse o ser dominada o sometida por él, sino aceptar su conducción para poder bailar. De hecho, la historia sobre los orígenes, habla de la pareja de dos hombres bailando tangos.

Un hombre que es machista, mientras baila no puede serlo. Para bailar bien no puede tener una actitud de descuido o de desconocimiento del lugar de la mujer. Al bailar está preocupado por disfrutar con ella y su fuerza y su seguridad es para bailar bien, no para sentirse superior o dominarla. Deben subordinarse y someterse, pero a las reglas del juego necesarias para que lo que bailen sea un tango y no una rumba. Ambos se necesitan.

Y bien, nos preguntamos si el tango es macho? Quizá, dejó de serlo.

Y ya que de roles femeninos hablamos, ojalá pronto nuestra Presidente Cristina Kirchner deje de discursiar letras de tango y empiece a bailar … digo…. a gobernar. Porque así el país, es una lágrima.

Con cariño, hoy en especial a mis queridos hombres de Venezia.

Nora

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2 Commenti to “El tango es “macho”??”

  1. Roberta | 23 Giugno 2008 at 18:06

    L’immaginario collettivo pullula di idee sbagliate e fuorvianti sul tango.
    La rosa in bocca, la calza a rete, la tanto decantata sensualità - a tutti i costi, anche quando quel tango fa schifo - e infine l’uomo “macho” e la donna passiva: lui domina, lei obbedisce nel seguirlo. Per contrastare questa immagine di presunta passività femminile, molte donne ai primi passi dicono la stessa cosa, spesso con un compiacimento che, a mio modo di vedere, non le rende né più forti né più convincenti : ” non riesco a lasciarmi portare perchè nella vita sono abituata a decidere, a comandare, a guidare..”.
    Mhà..! Mi sono chiesta spesso se lo pensino davvero o se lo abbiano sentito dire e lo ripetano così a casaccio. Anche questo è un luogo comune:la donna di polso non può ballere il tango; impensabile che si abbandoni tra le braccia di un uomo.
    La verità, credo, sta solo nel tango, in ognuno di quelli che balliamo: c’è il tango dell’uomo maleducato e della donna passiva; quello della donna prepotente e dell’uomo impaurito; il tango di due che si annoiano a morte e non vedono l’ora che finisca, il tango degli arroganti e poi, miracolo, c’è il tango che “nega la matematica”, quello che ci fa credere che 1+1 non faccia 2, ma ancora 1.

  2. Isabella | 24 Giugno 2008 at 09:37

    Giusto Roberta! Concordo!
    Ognuno ha il proprio tango!…ed è giusto e bello così, purchè non invada o sia di poco rispetto al tango degli altri che gli stanno intorno.

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